Priorizando el valor de la toma de decisiones

Hace ya mucho tiempo decidí emprender y lanzar un proyecto propio: una tienda que combinaba ventas online y offline. Siempre he sido un apasionado de la productividad y la eficiencia, así que mi enfoque inicial fue asegurar que todos los procesos internos funcionaran a la perfección. Sin embargo, aprendí por las malas que sin un flujo constante de valor, incluso el sistema más optimizado carece de utilidad.

Al principio, centrarme en la eficiencia operativa me pareció la decisión más lógica. Me aseguré de que mi tienda contara con procesos sólidos para gestionar pedidos, mantener el stock actualizado y generar informes adecuados. Creía que un negocio bien estructurado era la clave del éxito. Sin embargo, pronto me di cuenta de que los resultados tangibles no se generan solos. De nada sirve tener procesos óptimos si no estás creando un valor significativo.

Durante aquel tiempo, compaginaba mi proyecto personal con un trabajo en una consultora local. Esto me permitió observar de cerca cómo algunas empresas prosperaban a pesar de tener procesos internos desorganizados o inexistentes. La diferencia clave era que habían encontrado la manera de generar valor significativo. Me di cuenta de que, primero, hay que asegurarse de que las acciones tienen un impacto positivo y son eficaces; la eficiencia puede esperar.

Esta experiencia me enseñó una lección crucial: es vital evaluar el valor potencial de nuestras acciones y decisiones. A partir de ese momento, comencé a interesarme por conceptos como OKRs, MVPs, desarrollo ágil, ROI y más. Tener clara la misión y visión del proyecto, junto con los objetivos a corto, medio y largo plazo, es esencial para priorizar aquellas tareas que realmente causen un mayor impacto.

Desafortunadamente aprendí esta lección demasiado tarde para salvar mi proyecto, y la tienda tuvo que cerrar. Sin embargo, estoy agradecido a esta experiencia pues me enseñó que al tomar decisiones es fundamental priorizar el valor y el impacto. Aprendí que la clave no está solo en tener procesos optimizados, sino en asegurarse de que cada acción y decisión contribuye de manera significativa al valor y éxito del proyecto. Primero, hay que ser eficaz y luego eficiente. Se trata de conseguir que algo funcione y, posteriormente, iterar para que funcione bien.

Estableciendo OKRs en un año de desafíos

Este 2024 está siendo un año desafiante a nivel profesional debido a dos grandes ausencias por mi permiso de paternidad. Mi trabajo se está concentrando en el segundo y cuarto trimestre del año, por lo que establecer objetivos claros es esencial para maximizar mi crecimiento profesional e impacto laboral.

Suelo apoyarme en los OKRs, de los que seguro ya has oído hablar, para definir objetivos que sean:

  • 🎯 Específicos: Los objetivos vagos pueden llevar a una falta de dirección.
  • 📏 Medibles: Utilizo indicadores claros en términos de tiempo, cantidad o calidad.
  • 🔧 Alcanzables: Soy realista al considerar mis habilidades y el tiempo disponible.
  • 🔗 Relevantes: Priorizo aquellos que generen un impacto significativo en el desarrollo del proyecto.
  • Limitados en el tiempo: Defino un plazo claro y planifico revisiones periódicas.

Aunque la teoría puede parecer sencilla, siempre he pensado que crear OKRs que generen valor e impacto es un arte que requiere práctica constante. Generalmente, sigo estas estrategias para establecerlos:

  • 🧩 Análisis DAFO: Anualmente evalúo mis debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades para entender mejor mi situación actual y determinar qué debo mejorar.
  • 📊 Alineación estratégica: Me aseguro de que mis objetivos estén alineados con los de la empresa y el equipo para maximizar el valor global.
  • 🔄 Feedback continuo: Comparto mis objetivos con mi manager y los revisamos conjunta y continuamente para iterar y refinar.
  • 🔀 Coherencia temporal: Primero establezco mis objetivos a largo plazo, y seguidamente mis metas a medio y corto plazo, asegurándome de que todo esté alineados.

Sin embargo, la parte que encuentro más complicada y que más me preocupa es la medición. Los objetivos medibles proporcionan claridad y ayudan a enfocar los esfuerzos, pero centrarme únicamente en lo medible puede llevarme a ignorar aspectos cualitativos importantes. Apoyarme en mediciones me permite evitar un enfoque disperso y sin rumbo, pero temo terminar priorizando lo que es fácil de medir sobre lo que realmente importa o tiene impacto.

🔑 La clave está en el equilibrio: balancear claridad y flexibilidad, alineando metas organizacionales y personales sin restringir la creatividad e innovación.

En mi caso, suelo centrarme en un máximo de tres objetivos por trimestre, alternando entre métricas cuantitativas y cualitativas, con la esperanza de mantener un enfoque equilibrado que permita tanto la mejora medible como la innovación y el crecimiento personal. Por ejemplo:

  • 📌 Objetivo de proyecto: Completar la integración del nuevo sistema de login con la audiencia de rider durante el trimestre, alcanzando los hitos planteados con el equipo.
  • 💡 Desarrollo de conocimiento: Dominar el lenguaje de programación Elixir empujando el desarrollo y revisión del 90% de las tareas necesarias para el cierre del proyecto.
  • 🗂️ Desarrollo de habilidades: Organizar, priorizar y coordinar tareas necesarias para que el proyecto pueda ser completado en el trimestre.

La creación de objetivos es un arte que requiere constancia y práctica para maximizar su valor. Al seguir estos principios, espero poder establecer OKRs que me ayuden a avanzar en mi carrera y generar un impacto significativo.