Estos días estoy realizando evaluaciones 360, y aunque sé que a mucha gente no les entusiasma, yo las veo como una herramienta de gran valor. A menudo, estas evaluaciones se perciben como un ejercicio para adular o, en otros casos, como un “momento de críticas.” Pero, en realidad, creo que son una oportunidad única para el crecimiento mutuo.
Primero, creo que una evaluación 360 no debería estar vinculada a aumentos salariales, ya que esto puede distorsionar su propósito. En lugar de ser una “colección de elogios”, la 360 debería enfocarse en el desarrollo profesional. ¿Cómo? Ofreciendo un espacio donde quienes trabajan cerca de ti puedan dar feedback constructivo sobre tu trabajo. Es como un análisis DAFO externo: permite identificar fortalezas y áreas de mejora desde la perspectiva de quienes conocen tu día a día.
Además, una 360 es una oportunidad para contribuir activamente al crecimiento de los demás. Ayuda a quienes te rodean a reconocer sus puntos fuertes y a detectar áreas de desarrollo. No se trata de señalar “errores” o logros, sino de ofrecer una visión clara de en qué están destacando y dónde pueden seguir creciendo. En lugar de ser un “juicio,” lo veo como una colaboración orientada a la mejora continua.
Para mí, el verdadero valor de una evaluación 360 está en ayudarnos a ver dónde estamos y hacia dónde podemos ir. Si lo enfocamos así, no es solo una evaluación; es una herramienta de aprendizaje compartido, una manera de crecer mutuamente.
