Cómo afrontar el 2026 con equilibrio y propósito

Estos días he terminado de decidir cómo voy a afrontar este 2026, y no va a ser un año de cambios de paradigma ni de giros espectaculares. Va a ser un año en el que pensaré y mediré muy bien cada paso que dé.

No porque las cosas vayan mal —al contrario, muchas van muy bien— sino porque estoy en una etapa especialmente densa, con muchos frentes importantes abiertos al mismo tiempo.

Quiero estar presente para Irene y cuidar la relación sin darla por hecha ni descuidarla ni un momento.
Quiero estar cerca de Mauro y acompañarlo, pues con sus dos años está en una etapa intensa y fundamental.
Quiero seguir creciendo profesionalmente, hacer bien mi trabajo, aportar y sentirme alineado con lo que hago.
Quiero seguir construyendo hogar, poco a poco, sin vivir la casa como un proyecto infinito que nunca se cierra.
Quiero estar presente para mi familia, para mis amigos, para la gente que quiero.
Quiero cuidarme, moverme, dormir mejor y no perderme a mí mismo en el proceso.

Todo eso me importa de verdad.
Y precisamente por eso, no todo puede ir a máxima prioridad al mismo tiempo.

Durante los últimos años he hecho bastante trabajo consciente: elegir bien las batallas, enfocarme en lo importante, ajustar rutinas, crear hábitos razonables, reducir ruido, renunciar a cosas que me gustaban y aceptar cierto desorden. No vivo en piloto automático ni desde la inconsciencia.

Y siendo honesto conmigo mismo, creo que mi sistema actual está bastante afinado para la etapa vital en la que estoy. Habrá pequeñas mejoras, seguro, pero el retorno de seguir apretando ahí es cada vez menor.

Lo que empiezo a entender —y no siempre es cómodo— es que hay momentos en la vida en los que simplemente hay demasiadas cosas importantes ocurriendo a la vez. No caprichos. No ruido. Cosas reales, elegidas y valiosas.

Y en esos momentos, aunque hago lo mejor que puedo, no llego a todo como me gustaría. No al nivel ideal que mi cabeza, mi exigencia o mi identidad me piden. Y eso no significa que esté fallando. Significa que estoy en una etapa intensa.

Quizá 2026 no vaya de crecer más, hacer más u optimizar más. Quizá vaya de dejar de pelearme con los límites de esta etapa. De vivirla con un poco más de amabilidad interna. De no convertirme en mi juez constante.

De hacer lo mejor que pueda con el ancho de banda que tenga… y permitirme que eso sea suficiente.

Trabajar en remoto con un bebé en casa

Hace poco, Mauro cumplió un año y medio. Y un amigo me preguntó qué tal llevaba eso de trabajar en remoto con un bebé (o un no-tan-bebé) en casa.
Le respondí lo más sinceramente que pude:

Es más difícil que antes, pero también más maravilloso que nunca.

Con un bebé en casa, todo es más difícil.
Mi vida profesional.
Mi vida sentimental.
Mi vida personal.
Todo.

A veces lo oigo llorar al otro lado de la puerta, o reírse, o jugar… y no estoy ahí.
A veces tengo que salir corriendo porque hay una emergencia.
A veces simplemente me cuesta estar presente mentalmente porque sé que, muy cerca de mí, hay alguien que me necesita. O está golpeándolo todo.

Y sí, trabajar desde casa también se hace más cuesta arriba en esos momentos.


Pero también hay otra cara

También es cierto que, gracias al trabajo en remoto, he podido estar más cerca de mi hijo que nunca.

Puedo empezar a trabajar temprano y parar un rato cuando él se despierta, sin que eso suponga un drama organizativo.
Puedo acabar a las 17:30 y, un segundo después, estar con él. Sin atascos. Sin trenes. Sin esperas intermedias.
Puedo estar presente cuando pasa algo importante.
Y todo el tiempo que se dedica en el desplazamiento al trabajo, se lo dedico a él. Y eso se nota.

No quiero idealizar nada.
El trabajo remoto no lo es todo.
Lo que lo hace posible es una combinación de flexibilidad real y confianza mutua, tanto por parte de la empresa como por parte mía.


Soy celoso de mi tiempo (todo mi tiempo)

Algo que intento mantener muy claro es el respeto por el tiempo.
No solo por el tiempo personal, sino también por el tiempo laboral.

No quiero trabajar fuera de mi horario, pero tampoco quiero resolver asuntos personales dentro de mi jornada.
Si hay una urgencia, desconecto, aviso, y ese día acabo más tarde.
Si ese día me toca recogerlo de la guarde, empiezo un poco antes.
Y así, en ese equilibrio imperfecto, consigo que las piezas encajen.


Y sí, mi rendimiento se mantiene

Una de las cosas que más me ha sorprendido es que, pese a todas las dificultades, mi rendimiento no ha bajado.
De hecho, mi última evaluación de desempeño dice que incluso ha mejorado.
(Lo digo sin querer presumir; me gusta pensar que estoy aprendiendo a enfocarme mejor, quizás porque ahora el tiempo vale aún más).


En resumen

Sí: trabajar en remoto con un bebé en casa es más difícil.
Pero también, gracias a eso, puedo estar más presente, más conectado, más agradecido.

Y hoy, más que nunca, me alegro de haber apostado por un trabajo que no solo me permite trabajar desde casa, sino también vivir desde casa.

Maze Adventure y el placer de aprender con IA

A principios de año me entró curiosidad por entender cómo se programa un videojuego retro, como los que jugaba de pequeño. No soy gamer, no conozco la industria, ni tenía tiempo para complicarme la vida con un hobby exigente. Pero algo hizo clic.

Recordé aquellos títulos de principios de los 90 —Prince of Persia, Loom, Indiana Jones and the Last Crusade— que jugaba en mi viejo 286 con pantalla EGA y MS-DOS. Y me pregunté: ¿cómo funcionaban por dentro? ¿Cómo se hacían esos juegos desde cero?

No quería usar Unity ni motores gráficos modernos. Quería entender lo básico. Desde abajo.

Así nació Maze Adventure.


Aprender desde cero, pero no solo

Nunca había hecho nada parecido. No sabía por dónde empezar. Pero ahí entró en juego la IA.

Uso herramientas como CursorAI o GitHub Copilot a diario en el trabajo. Y tengo suscripción personal a ChatGPT. Uso la IA para un sinfín de opciones. Pero si tuviera que quedarme con un solo uso que me aporta valor real, sería este: aprender.

La IA me permite ir directo a lo que necesito. No sustituye el aprendizaje, lo acelera. Le puedo preguntar justo lo que no entiendo, pedir que me resuma algo a mi nivel, debatir entre varias opciones. Es como tener un mentor siempre disponible. Un compañero de pair programming que no se cansa, que responde a tus preguntas sin juicio y que además te ayuda a pensar.


IA como amplificador del foco

Maze Adventure no es un proyecto ambicioso. De hecho, es muy modesto. Pero tiene algo que otros side projects míos no tuvieron: continuidad.

¿Por qué? Porque he podido centrarme en lo que me interesa —la parte técnica, la programación a bajo nivel— y dejar que la IA me cubra en las partes que no me motivan tanto, pero que igualmente necesito: historia, gráficos, sonidos, referencias, etc.

En el pasado, muchos de mis proyectos se estancaban porque requerían demasiada energía en frentes que no me interesaban. Ahora, puedo apoyarme en la IA para resolver justo esos frenos. Eso no los hace menos valiosos: simplemente los enfrento con ayuda.


Con poco tiempo, pero mucho aprendizaje

Con un bebé de año y medio en casa, tener tiempo libre es casi una quimera. Apenas puedo dedicarle un par de horas cada dos semanas al proyecto. Pero gracias al multiplicador de velocidad que supone la IA, he podido avanzar.

No para sacar algo espectacular. Sino para aprender más de lo que habría aprendido en meses, y pasarlo bien en el proceso.

Ese es el valor real de este experimento: he aprendido un montón. He podido iterar sobre mis ideas. Reescribir. Preguntar. Entender. Cambiar de rumbo. Volver a preguntar. Y disfrutar del camino.


Código abierto y proyecto disponible

Todo el código está disponible en GitHub, por si a alguien le apetece curiosear, descargarlo o adaptarlo:

🔗 https://github.com/juanancid/maze-adventure

También he grabado un pequeño vídeo para mostrar cómo se ve en acción:

📺 https://www.youtube.com/watch?v=E4QhAwb9c0Y

Y si te interesa este tipo de proyectos o los detalles más técnicos, los suelo comentar en X (antes Twitter), donde comparto avances a mi ritmo, sin prisa y sin presión.


Cierre

Para mí, la IA no sustituye la creatividad ni el esfuerzo. Pero sí me permite hacer cosas que antes eran imposibles. No porque fueran técnicamente inalcanzables, sino porque me faltaba tiempo, energía o foco para mantenerlas vivas.

Y eso, en un hobby, lo cambia todo.

Reseña de Hábitos atómicos: Transformación personal

Hace unas semanas entramos Irene y yo en La Casa del Libro, y vi en una estantería Hábitos atómicos. Le dije:
—Ese libro es famosísimo en el mundo del desarrollo personal.

Días después, el Día del Padre, apareció con él envuelto. Yo no había pedido nada, pero como soy difícil de regalar (y no suelo buscar cosas materiales), pensó que podía gustarme.

La verdad es que al principio no le hice caso. En mi vida he leído mucho sobre desarrollo personal. Estaba saturado. Y entre el nacimiento de Mauro y el trabajo, llevaba más de un año sin leer.

Hasta que un día lo abrí.
Y ya no lo cerré.


Sí, muchas cosas ya las conocía. O las intuía.
Pero el libro las ordena, las nombra, les da estructura.
Y me ha enseñado otras muchas que no sabía.

Me ha devuelto las ganas de leer.
He buscado huecos para seguir.
He subrayado. He anotado.
Y lo he disfrutado de principio a fin.


Ojalá se me quedara todo.
Siempre pienso en Cortocircuito pasando páginas a toda velocidad.
O en Matrix, aprendiendo kung-fu en segundos.

No funciona así.
Pero algo se queda. Algo cala.

Y con eso me basta.

Antes de proponer un cambio, pregúntate esto

A lo largo de los años he visto sugerencias que revolucionan un proyecto para mejor, y debates que solo generan desgaste sin ningún beneficio real. Proponer un cambio puede ser una herramienta poderosa, pero sólo si aporta valor real y mejora de manera significativa el trabajo.

Sugerir cambios no debería ser algo automático, sino una decisión reflexiva. Antes de proponer una modificación, es útil preguntarse:

1️⃣ ¿Ayuda a cumplir el propósito del trabajo?
Un cambio debe contribuir directamente a que el resultado esté más alineado con su objetivo. Si la propuesta no tiene un impacto claro en el propósito del proyecto, quizás no sea necesaria.

2️⃣ ¿Añade un valor claro y tangible?
Un cambio relevante debe sumar algo significativo al resultado final. Si la propuesta no mejora sustancialmente la calidad o el impacto del trabajo, puede que no sea prioritaria.

3️⃣ ¿Corrige un problema crítico y objetivo?
Cuando un cambio corrige errores, elimina fricciones o mejora la experiencia de usuario, es esencial. Estos son los cambios que no debemos dejar pasar.

4️⃣ ¿El esfuerzo del cambio justifica el impacto que generará?
Hay cambios que pueden ser técnicamente correctos pero poco prácticos. Si la implementación requiere mucho esfuerzo sin un beneficio proporcional, probablemente no merezca la pena.

Es natural tener preferencias sobre cómo hacer las cosas, pero un cambio relevante debe ir más allá de los gustos personales. El verdadero valor de proponer un cambio está en su impacto positivo y su alineación con los objetivos del proyecto.Antes de sugerir un cambio, hazte esta pregunta clave: ¿es realmente necesario?

Feliz Navidad y próspero 2025

Quiero aprovechar este momento para desearos unas fiestas llenas de alegría, descanso y, sobre todo, buenos momentos junto a quienes más queréis. 🎄

2024 ha sido un año lleno de retos, aprendizajes y grandes reflexiones. Estoy muy agradecido por haber tenido la oportunidad de compartir ideas y experiencias aquí en el blog. 🎁

Espero que el 2025 venga cargado de oportunidades para crecer, aprender y disfrutar. Y, por encima de todo, que os traiga salud y felicidad. 🎉

¡Feliz Navidad! 🎅🏻¡Felices Fiestas! 👑 Y si no hablamos estos días… ¡Feliz Año Nuevo! 🌟✨

Menos documentación, más claridad

La documentación es un pilar en cualquier lugar de trabajo pero suele volverse una carga: consume tiempo, se desactualiza rápidamente y en ocasiones apenas se utiliza. Por eso últimamente estoy explorando formas de minimizar la necesidad de documentar. Estas son algunas estrategias que he encontrado útiles:

1️⃣ Procesos claros y fáciles de seguir

Si un proceso es intuitivo nadie necesita instrucciones extensas para ejecutarlo. ¿Por qué crear un manual de 10 páginas para reservar una sala de reuniones? Un calendario visual o un sistema bien diseñado debería explicarse por sí solo.

2️⃣ Patrones y estándares comunes

Cuando todo el equipo adopta métodos estándar o prácticas comunes de la industria, se reduce la necesidad de explicar lo básico. Plantillas predefinidas, formatos claros y una nomenclatura consistente hacen maravillas.

3️⃣ Manifiestos o principios generales

Tener principios claros puede servir como una «estrella del norte» para la toma de decisiones.

  • Documenta solo lo que no se puede deducir.
  • Si algo necesita muchas explicaciones, simplifícalo.

Evita crear instrucciones exhaustivas y enfócate en lo realmente necesario.

4️⃣ Claridad en el trabajo diario

El trabajo bien diseñado es, en sí mismo, documentación.

  • Usa nombres descriptivos para documentos, carpetas, columnas, correos….
  • Mantén las herramientas organizadas y actualizadas.
  • Resúmenes claros tras reuniones importantes eliminan la necesidad de buscar información.

Un archivo llamado «Informe-Finanzas-2024-Marzo» se entiende sin necesidad de contexto adicional.

5️⃣ Automatización de procesos

Si una tarea puede automatizarse no hay necesidad de documentarla. Notificaciones automáticas, sistemas de recordatorios o flujos digitales pueden encargarse de esos detalles, liberando tiempo para tareas más importantes.

✅ Beneficios de estas estrategias:

  • Fomentan la eficiencia al necesitar menos tiempo buscando y escribiendo documentación.
  • Mejoran la colaboración pues los estándares reducen malentendidos.
  • Aumentan el enfoque reduciendo el trabajo innecesario

El legado personal y el impacto en el planeta

El otro día mientras observaba a mi bebé jugar en la manta de gateo, recordé el proverbio ese de «tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro». Este dicho me hizo reflexionar sobre el legado que dejamos y la búsqueda de una vida plena y significativa.

  • 👶 Tener un hijo deja una huella a través de los descendientes, transmitiendo valores y conocimientos a la siguiente generación.
  • 🌳 Plantar un árbol simboliza el compromiso con el medio ambiente, contribuyendo a la sostenibilidad del planeta al proporcionar oxígeno y hábitat para otras formas de vida.
  • 📚 Escribir un libro permite transmitir ideas y experiencias, asegurando que nuestras palabras sigan siendo accesibles para futuras generaciones.

Pensé que ya he cumplido parte del trato porque he tenido un hijo, y aunque no he escrito un libro suelo compartir mis ideas por aquí. Pero, ¿dónde queda la parte de plantar un árbol?

🔍 Empecé a investigar y descubrí que cada persona emite alrededor de 1 kg de CO2 al día solo por respirar. Considerando las emisiones indirectas por uso de energía, transporte y consumo, parece que la huella de carbono promedio mundial es de 4 toneladas de CO2 al año. En países desarrollados, puede alcanzar las 15 o 20 toneladas.

🌱 Observé las macetas en mi casa y, aunque son medianas y tengo varias, parece que cada una podría absorber unos 4 kg de CO2 al año. Necesitaría mil macetas para compensar mi huella anual, lo que no veo muy factible 😅.

💡 Investigando cómo reducir mi huella de carbono descubrí dos estrategias principales: reducirla con acciones como mejorar la eficiencia energética de mi casa y usar transporte sostenible, o compensando las emisiones participando por ejemplo en proyectos de reforestación.

Con el nacimiento de Mauro reflexiono cada vez más sobre el futuro. Dejé volar mi cabeza y me sentí afortunado de trabajar en Cabify, una empresa comprometida con el medio ambiente que implementa estrategias para mejorar el entorno. 🌍 Me alegró descubrir que Cabify compensa el 100% de sus emisiones a través de proyectos como la reforestación de Carballedo en España, la selva Paranaense en Argentina, y el parque eólico de Cururos en Chile. Acciones directas que benefician al planeta.

🤔 Reflexionando me di cuenta de que, como trabajador de Cabify contribuyo indirectamente a mejorar nuestro entorno y dejar un mejor legado para las generaciones futuras. Me alegra ser parte de una empresa que no solo habla de sostenibilidad, sino que actúa sobre ella.

Y aunque aún puedo y debo hacer más de manera directa, estoy feliz porque ya he empezado a cumplir mi parte de «plantar un árbol». 🌳

La evaluación 360: herramienta para el crecimiento mutuo

Estos días estoy realizando evaluaciones 360, y aunque sé que a mucha gente no les entusiasma, yo las veo como una herramienta de gran valor. A menudo, estas evaluaciones se perciben como un ejercicio para adular o, en otros casos, como un “momento de críticas.” Pero, en realidad, creo que son una oportunidad única para el crecimiento mutuo.

Primero, creo que una evaluación 360 no debería estar vinculada a aumentos salariales, ya que esto puede distorsionar su propósito. En lugar de ser una “colección de elogios”, la 360 debería enfocarse en el desarrollo profesional. ¿Cómo? Ofreciendo un espacio donde quienes trabajan cerca de ti puedan dar feedback constructivo sobre tu trabajo. Es como un análisis DAFO externo: permite identificar fortalezas y áreas de mejora desde la perspectiva de quienes conocen tu día a día.

Además, una 360 es una oportunidad para contribuir activamente al crecimiento de los demás. Ayuda a quienes te rodean a reconocer sus puntos fuertes y a detectar áreas de desarrollo. No se trata de señalar “errores” o logros, sino de ofrecer una visión clara de en qué están destacando y dónde pueden seguir creciendo. En lugar de ser un “juicio,” lo veo como una colaboración orientada a la mejora continua.

Para mí, el verdadero valor de una evaluación 360 está en ayudarnos a ver dónde estamos y hacia dónde podemos ir. Si lo enfocamos así, no es solo una evaluación; es una herramienta de aprendizaje compartido, una manera de crecer mutuamente.

Priorizando el valor de la toma de decisiones

Hace ya mucho tiempo decidí emprender y lanzar un proyecto propio: una tienda que combinaba ventas online y offline. Siempre he sido un apasionado de la productividad y la eficiencia, así que mi enfoque inicial fue asegurar que todos los procesos internos funcionaran a la perfección. Sin embargo, aprendí por las malas que sin un flujo constante de valor, incluso el sistema más optimizado carece de utilidad.

Al principio, centrarme en la eficiencia operativa me pareció la decisión más lógica. Me aseguré de que mi tienda contara con procesos sólidos para gestionar pedidos, mantener el stock actualizado y generar informes adecuados. Creía que un negocio bien estructurado era la clave del éxito. Sin embargo, pronto me di cuenta de que los resultados tangibles no se generan solos. De nada sirve tener procesos óptimos si no estás creando un valor significativo.

Durante aquel tiempo, compaginaba mi proyecto personal con un trabajo en una consultora local. Esto me permitió observar de cerca cómo algunas empresas prosperaban a pesar de tener procesos internos desorganizados o inexistentes. La diferencia clave era que habían encontrado la manera de generar valor significativo. Me di cuenta de que, primero, hay que asegurarse de que las acciones tienen un impacto positivo y son eficaces; la eficiencia puede esperar.

Esta experiencia me enseñó una lección crucial: es vital evaluar el valor potencial de nuestras acciones y decisiones. A partir de ese momento, comencé a interesarme por conceptos como OKRs, MVPs, desarrollo ágil, ROI y más. Tener clara la misión y visión del proyecto, junto con los objetivos a corto, medio y largo plazo, es esencial para priorizar aquellas tareas que realmente causen un mayor impacto.

Desafortunadamente aprendí esta lección demasiado tarde para salvar mi proyecto, y la tienda tuvo que cerrar. Sin embargo, estoy agradecido a esta experiencia pues me enseñó que al tomar decisiones es fundamental priorizar el valor y el impacto. Aprendí que la clave no está solo en tener procesos optimizados, sino en asegurarse de que cada acción y decisión contribuye de manera significativa al valor y éxito del proyecto. Primero, hay que ser eficaz y luego eficiente. Se trata de conseguir que algo funcione y, posteriormente, iterar para que funcione bien.