Hoy cumplo seis años en Cabify.
Y aunque el tiempo ha pasado volando, la sensación es que cada etapa ha sido una escuela distinta.
Durante los últimos años he formado parte de Middleware, un equipo de plataforma centrado en crear tecnología para que otros equipos puedan avanzar más rápido. Allí aprendí a pensar en términos de infraestructura, calidad y escalabilidad; a resolver problemas complejos que no siempre se ven, pero que sostienen todo lo demás.
Hace poco he cambiado de rumbo y me he unido al equipo de Own Fleet, un entorno más cercano al producto, donde las decisiones impactan directamente a las personas que usan la tecnología.
Este movimiento me está permitiendo aplicar todo lo aprendido en la plataforma a un contexto muy diferente, donde la incertidumbre es alta y casi todo está por construir.
Valoro especialmente que Cabify fomente este tipo de movimientos internos. Pasar de un equipo maduro, con procesos bien asentados, a uno de reciente creación —más parecido a una start-up dentro de la compañía— es una oportunidad de crecimiento enorme.
Seis años después, sigo aprendiendo cada día.
Y aunque el contexto cambia, hay algo que se mantiene constante: la sensación de formar parte de un proyecto con propósito, rodeado de personas brillantes y cercanas.