Aunque estos días estoy de permiso de paternidad y no tengo contacto alguno con el mundo laboral, sigo publicando artículos en LinkedIn. He estado reflexionando y me he preguntado a mí mismo por qué escribo y qué me lleva a compartir información y opiniones.
Desde pequeño, siempre me ha encantado aprender y compartir lo aprendido. Recuerdo que cada vez que descubría algún dato interesante sobre los animales de la selva, las estrellas del cielo, o las células del cuerpo humano, corría a contárselo a mi padre. Si a mí me había fascinado aprender eso, el resto del mundo debía estar deseoso de enterarse.
Ese interés por aprender y compartir creció conmigo y me acompañó en mis primeros años laborales. Cuando empecé a trabajar en 2001, la información no era tan accesible como lo es hoy. Era escasa y difícil de encontrar, especialmente en una empresa pequeña de un pueblo pequeño. Así que cada vez que encontraba algo valioso, lo trataba como oro en paño y lo compartía rápidamente con el resto del equipo. Me convertí en el documentador oficial de la compañía.
Otra ventaja de escribir es que me ofrece una oportunidad para organizar mis ideas y profundizar en un tema. Más aún si esta información va a ser compartida con otros. Esto me obliga a asegurarme de que los datos que indico son correctos, forzándome a investigar y verificar lo que digo.
Pero no solo escribo para compartirlo con los demás, también lo hago para mi propio beneficio. Muchas veces me frustra no recordar cómo hacer algo que hice en el pasado, dónde leí algo interesante, o tener que releer un documento extenso para extraer información útil. Por eso, me gusta documentar, organizar y resumir información para mí mismo.
Además, simplemente me divierte. Al igual que disfruto leyendo, disfruto escribiendo. La escritura es un espacio de reflexión, aprendizaje e introspección. Es una forma de plasmar mis pensamientos, compartir mis experiencias con una comunidad más amplia y conectar con otras personas.
Aunque los artículos que publico no generan un gran impacto, cuando alguien me escribe en privado preguntándome acerca de algo que he contado, me dice por la calle que sabe de mí por lo que lee en mi cuenta de LinkedIn, o me cuenta en un team building que me conocía de antes por haber leído lo que publico, me llena de satisfacción.
En resumen, escribo porque es una manera de organizar mis pensamientos, aprender continuamente, conectar con otros y, sobre todo, porque lo disfruto. Es una pasión que he cultivado a lo largo de los años y que espero seguir desarrollando.