Reflexiones sobre la lealtad laboral y la movilidad profesional

Aprovechando que estos días tengo más tiempo libre he quedado con varios amigos para actualizarnos y tomar algo juntos.

A principios de la semana pasada quedé con un amigo de alrededor de 40 años que lleva 15 en la misma empresa. Siente que está estancado y cansado de la rutina, pero no quiere buscar empleo pues tiene una posición cómoda y no le apetece asumir cambios. Comentaba que ha invertido un esfuerzo muy grande en la compañía, se siente parte de la misma, bien valorado y tiene mucha flexibilidad. La empresa es pequeña y hay un buen ambiente de trabajo. Le comenté que el no cambiar de empleo puede limitar la exposición a diferentes industrias, tecnologías y formas de trabajo, restringiendo el desarrollo profesional, pero me indicó que pese a que el reto no es el más emocionante, prefiere continuar ahí.

Unos días más tarde hablaba con otro amigo, que tiene alrededor de 28 años y lleva unos 5 en el mercado laboral. Me preguntaba sobre cómo crecer profesionalmente. Me comentó que había estado en al menos 12 empresas distintas, y en algunas de ellas apenas había durado 3 meses. Su opinión es que es más fácil ascender cambiando de puesto, y que con cada cambio se consigue una mejora salarial. No le importa moverse de empresa a empresa porque no se siente parte de ninguna, ya que considera que «somos un número». Le comenté que algunas empresas no ven con buenos ojos esas carreras saltarinas, pero me dijo que actualmente había mucha contratación y nunca había tenido problemas.

Estos días he estado pensando acerca de ambas situaciones, y creo que las dos personas tienen razón. En mi caso me gustan las relaciones laborales de larga duración puesto que me permiten alcanzar una mayor especialización en un campo, porque comprobar cómo las decisiones que tomé en su día resultaron ser o no correctas me ayuda a aprender en base a la experiencia, y porque me da acceso a construir relaciones personales y profesionales profundas, creando una red de apoyo y colaboración.

Pero en el pasado he visto cómo empresas para las que trabajaba han cerrado sucursales completas poniendo a todo el mundo en la calle independientemente de su implicación o el valor aportado. He experimentado la monotonía y la falta de desafíos en proyectos que se estancan. Y he observado cómo se invierte en la captación de talento, pagando sueldos mucho más altos a las nuevas incorporaciones que a quienes ya formaban parte del proyecto.

Así que creo que no hay una única respuesta correcta cuando se trata de la lealtad laboral versus la movilidad profesional. Cada persona debe encontrar su propio equilibrio en función de sus circunstancias personales y deseos. En mi caso, busco la estabilidad laboral, pero en aquellos sitios donde realmente merece la pena permanecer.

¿Qué opinas sobre este tema? ¿Prefieres la estabilidad de una relación laboral a largo plazo o la emoción y las oportunidades de la movilidad profesional? Me encantaría conocer tus experiencias y puntos de vista.

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