El mayor enemigo de la productividad son sin duda las interrupciones. Debemos evitarlas a toda costa pues son el ladrón más voraz de nuestro tiempo. Las interrupciones:
- Rompen nuestro ritmo laboral.
- Hacen nuestro trabajo más lento y torpe, perdiendo tiempo en cualquier cosa.
- Son fuente de estrés y ansiedad, y nos separan de objetivos y tareas.
- Desgastan nuestra motivación, creatividad y energía.
- Corroen nuestro ánimo, optimismo y buen humor.
- Producen insatisfacción.
Porque para causar más impacto no hay que trabajar más horas, sino aprovechar mejor las que dedicamos.